Fronteras paradigmáticas: homo-transfobia en contextos migratorios

Por Diego Redondo Cripovich

La Federación de Gays y Lesbianas de Berlin y Brandenburgo estima que en 2015 recibieron entre 3 y 6 casos semanales en los que homosexuales y transexuales migrantes de países en conflicto -principalmente Afganistan, Irak y Siria- habían sido víctimas de diferentes formas de abusos, entre ellos sexual. Las cifras anuales por ende oscilan entre 156 y 312 denuncias solo para la circunscripción de dicha entidad[1].

Como sostiene Mari Luz Esteban, el cuerpo es un locus dinámico mediante cuyos itinerarios construimos nuestras narrativas personales. Estos migrantes homosexuales y transexuales, y todos aquellos y aquellas que no pertenecen a categorías normativas de género (y en consecuencia de sexualidad), encuentran que sus cuerpos han construido en su nuevo país de acogida dos grandes narrativas: son migrantes y, en el caso que nos atañe, homosexuales y transexuales.

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Photo credit: Denis Bocquet on Visual hunt / CC BY

La homo-transfobia no solo afecta a migrantes. Sin embargo, no es posible hablar de una sola experiencia de homosexuales y transexuales. En este sentido, Aimar Rubio afirma que los procesos de discriminación y de violencia homo-transfóbica responden a una lógica interseccional. Es más vulnerable aquel sujeto que ha sido adscrito a categorías periféricas frente a las pretensiones -opresiones- del centro. De esta manera, los elementos de clase social, raza, religión, entre otros, juegan un papel fundamental en la construcción de sujetos más permeables a diferentes formas de violencia. La experiencia de un migrante homosexual o transexual “occidental” es diferente a la de aquellos provenientes de países con una carga valorativa estigmatizante: sirios, afganos, iraquíes, etc.

Estos individuos traspasaron una frontera física, aquella que corresponde a sus Estados de origen. En el trayecto hacia Alemania, no solo anhelaban cruzar dicha división física, sino también la frontera que separa un espacio en donde pueden, en gran medida, ser, desear y “performarse”[2] y otro en los que son perseguidos, criminalizados y humillados por ello. No obstante, la frontera de la homo-transfobia ha probado ser más difícil de vencer que aquella dibujada con líneas en los mapas. Las fronteras paradigmáticas, aquellas que refieren a los límites impuestos por las construcciones sociales y de socialización del individuo (como la normativización del género y la sexualidad), no son obra de actos humanos concretos y revocables como el tramado de los límites territoriales. Estas fronteras son producto de una historia de opresión, diferenciación y de actos performativos que determinan las bases sobre las cuáles se construye la vida societal. Así, ellas transforman al cuerpo mismo en frontera. De este modo, Jaime del Val entiende la frontera (el cuerpo frontera) como posiciones fuera y dentro del discurso, como un proceso en donde “se negocian los límites de lo inteligible y de lo normativo, de lo pensable, de lo concebible y de lo pronunciable, y con ello los límites de lo abyecto, de lo inimaginable y de lo monstruoso”. Aquellas personas que no pertenecen al privilegiado grupo de los cis-género y heterosexuales resultan monstruosos, inconcebibles e impronunciables.

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Photo credit: James O’Hanlon on Visual hunt / CC BY-NC-ND

En este sentido, resulta menester desafiar la noción arcaica de la movilidad humana que no considera como elemento fundamental a la sexualidad. El imaginario colectivo sigue suponiendo y tomando al ser humano cis-género heterosexual como la norma, estableciéndolo como único sujeto de análisis. Como afirma Phil Hubbard, “el espacio está sexuado de muchas y complejas maneras y la heterosexualidad se nos presenta como ‘natural a través de su imbricación con el espacio y sus usos”.

Es cierto que muchos de los abusos denunciados por las personas migrantes fueron cometidos por otras con su mismo estatus de movilidad. No obstante, este artículo no pretende insinuar que los “occidentales” no ejercen violencia homo-transfóbica. El objetivo es visibilizar una realidad que es ignorada: las narrativas personales que definen a una persona como migrante y sexualmente no normativa resultan en una doble vulnerabilidad para el individuo. Las fronteras físicas se ven hoy desdibujadas por las nuevas tecnologías de la información y los movimientos de personas; sin embargo, las fronteras  paradigmáticas que determinan lo permitido y lo prohibido, lo “natural” y lo monstruoso han probado ser más firmes.

[1] https://www.washingtonpost.com/world/europe/gay-asylum-seekers-face-threat-from-fellow-refugees-in-europe/2015/10/23/46762ce2-71b8-11e5-ba14-318f8e87a2fc_story.html?utm_term=.09d632f1894b

[2] “Gender is a performance; it’s what you do at particular times, rather than a universal who you are”. El término performativo fue acuñado por Judith Butler en su obra Gender Trouble (1990)

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