Entrevista a la Dra. Aina Gallego: “Me ha pasado que un alumno intente explicarme principios básicos de estadística”

Por Marc Garcia Palma

Aina Gallego es Profesora Asociada del Institut de Barcelona d’Estudis Internacionals e Investigadora en el Institute of Political Economy and Governance.

P: ¿Qué impresión le ha dejado la huelga feminista del 8 de marzo?

R: ¡Muy positiva! Sobre todo, fue sorprendente a nivel comparado. España es uno de los

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Foto: Nadine Gabron

países donde la huelga feminista tuvo mayor seguimiento y, teniendo en cuenta que en muchos países del mundo hubo grandes manifestaciones, esto hace que para España haya sido un año especial, aunque no sé exactamente a qué se debe. Ha habido campañas respecto a las agresiones sexuales en muchos países, pero quizá aquí el movimiento feminista se organizó mejor, fue espectacular.

P: A su forma de ver, ¿Cuáles serían los aspectos más importantes que tratar para hacer de nuestra sociedad una más igualitaria?

R: Es un tema muy amplio, hay muchos niveles diferentes. Uno fundamental es el que amenaza directamente a la integridad y la vida de las mujeres, especialmente la violencia de género y las agresiones sexuales, que son muy frecuentes y hace relativamente poco que se habla tan abiertamente del tema.

Sería necesario un primer bloque de medidas para garantizar la seguridad física de las mujeres, y eso pasa por el rechazo social absoluto a prácticas de este tipo. Del mismo modo, existe un bloque de diferencias económicas que deben tratarse mediante la lucha contra la brecha salarial, la dignificación de las tareas de cuidado, etcétera. Entiendo que se debería debatir más sobre qué conlleva la práctica este tipo de tareas, porque sabemos que a éstas se dedican sobre todo las mujeres, y que, por el hecho de serlo, están peor remuneradas.

En segundo lugar, es posible identificar otro bloque de diferencias más bien culturales, el cual está bastante asentado y se manifiesta en la discriminación basada en preferencias: existe la creencia de que las mujeres son peores que los hombres.  Para mí, este bloque cultural basado en creencias es el responsable del hecho que existan los estereotipos de género y las consecuencias que tienen en muchos ámbitos. Detrás de “por qué hay diferencias salariales tan importantes”, hay creencias con respecto a que los hombres son los agresivos, los activos y fuertes, mientras que las mujeres son las amables, cuidadoras, suaves… este tipo de estereotipos.

Ahora diría que hay un primer avance importante en creer en la igualdad de valores – poca gente defenderá hoy que las mujeres somos inferiores– pero en cambio, sí que prevalecen los estereotipos de género, los cuales tenemos muy interiorizados tanto mujeres como hombres. En muchas esferas, son estos ámbitos más sutiles los que resultan más difíciles de tratar en materia de avance hacia una sociedad más igual.

P: Usted acuñó el concepto de “tubería horadada” como el proceso en el que se sufre una pérdida de académicas notablemente mayor al de sus homólogos masculinos a lo largo de su carrera profesional ¿Son estos ámbitos más sutiles los responsables de ello?

R: Los estereotipos de género se manifiestan de diferentes maneras y en diferentes ámbitos. Creo que, en el mundo académico en particular, hay un tipo de estereotipos que asocian la centralidad de la ciencia, las ideas nuevas y el ser brillante a la masculinidad, mientras que las mujeres en este entorno somos más como hormiguitas. Esto se demuestra en el hecho de que se nos pida más trabajo para acceder a los mismos puestos que los hombres.

En ese sentido, la tubería horadada – el hecho de que se pierdan muchas más mujeres que hombres en cada paso de la carrera académica –, tiene que ver con estereotipos y la discriminación, pero también con otras cuestiones tales como la maternidad, en las que no se está dando una buena solución institucional.

P: Acoso sexual, techo de cristal… ¿Cómo se manifiestan a nivel personal estas problemáticas?

R: Es complicado…La discriminación se da sobre grupos, y como tal, a veces es muy difícil identificar cuando te ocurre algo a ti, como académica, y atribuirlo a la discriminación o a una circunstancia concreta. En mi caso particular, donde me doy mayor cuenta de las desigualdades es en elementos sutiles, como el que te corten más en seminarios, o que, al proponer una idea, ésta pase desapercibida mientras que al cabo de pocos minutos la misma sea propuesta por un hombre y se le dé más importancia. Este tipo de actitudes son las más comunes, sobre todo las interrupciones.

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Foto: Nadine Gabron

Luego, otra forma típica de sexismo es lo que hoy se ha conocido como el mansplaining, que abunda particularmente en la academia, donde los científicos están muy orgullosos de su inteligencia y quieren demostrar sus conocimientos. En estos casos hay la asunción que por ser mujer quizá no tienes el mismo grado de conocimientos. Me ha pasado que un alumno intente explicarme principios básicos de estadística, a mí, a una profesora. En este tipo de situaciones a veces resulta difícil distinguir si lo que sucede es que el alumno es así, o, por el contrario, le diría lo mismo y en el mismo tono a un hombre. Al no ser unos días hombre y otros mujer no puedo saber si soy yo misma la que quizá invita a un tipo de comportamiento determinado por parte de la audiencia, a ese tono condescendiente. Pero lo que noto especialmente en mi vida diaria respecto este sexismo es el hecho de no ser considerada tan experta como podría serlo un hombre de mi misma edad y categoría laboral.

P: ¿Y la confianza personal?

R: Creo que cuanto más hablamos de estos temas mayor será el beneficio. Tampoco quiero decir que a las mujeres constantemente nos ocurran este tipo de situaciones o nos interrumpan sin parar, pero hay una diferencia en que te interrumpan y pensar “¡Ay! Debo haber dicho algo que no está muy acertado”, o mirar críticamente las dinámicas en un seminario.

Cuanto te das cuenta de que este tipo de comportamientos no solo van dirigidos a tu persona, sino que también ocurre con otras mujeres, puedes percibir que hay algunos hombres particularmente propensos a ese mismo comportamiento. Entonces, cuando se dan estas situaciones, lo mejor es no quedárselo ni cuestionarse a una misma y seguir hablando aunque cueste y en algún momento parezca violento. Pero soy yo quien está hablando y tengo el mismo derecho que cualquiera a seguir.

P: ¿Cómo evalúa la reacción de los hombres ante unos principios que para muchos de ellos son nuevos? ¿Hay aceptación o una cierta hostilidad?

R: Hay un poco de todo, y muchos hombres son grandes aliados y fundamentales. Si los hombres también se implican en señalar situaciones sexistas será más fácil que cambie la cultura respecto a este tipo de prácticas y que se envíe un mensaje de transversalidad. Cuanto más debate hay, más aliados tenemos, y creo que se está produciendo un cambio amplio.

Por otro lado, también hay reacciones a la defensiva por varios motivos. Primero, porque del mismo modo que la discriminación es estadística y en el terreno individual es difícil saber cuándo está ocurriendo y cuando no, es muy fácil cuando se tratan temas de género que alguien se sienta aludido, como si esa persona sufriera una acusación personal de ser sexista. Es incómodo, pero hay que saber distinguir.

Sucede del mismo modo que con la discriminación por creencias: las mismas mujeres tenemos estereotipos y muchas veces contribuimos a que persistan, pero no debemos simplemente ponernos a la defensiva por creer que todo el mundo es sexista. Hay que sentarse a hablar y averiguar como conseguir que haya el mismo número de mujeres que de hombres en los seminarios, que se creen culturas inclusivas, etcétera. El tema es no tomárselo como una acusación personal, porque se trata de un problema general.

P: ¿Debería la maternidad ocupar una pregunta en esta entrevista?

R: Es complicado. Supongo que, por un lado, si son preguntas estrictamente

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Foto: Nadine Gabron

profesionales, sería indiferente la situación personal de las personas, y ahí sí que es cierto que a las mujeres nos preguntan mucho más sobre el tema. Sin embargo, en una entrevista sobre género hablar de crianza es muy importante porque se sabe que es en el momento de tener hijos cuando se producen grandes diferencias laborales como la brecha salarial o la obligación de escoger entre una carrera profesional y una vida familiar. En ese sentido, es fundamental hablar de maternidad y paternidad porque tiene un coste laboral que no existe para los hombres, y eso evidentemente es injusto.

Estas diferencias se acentúan en carreras exigentes. Aunque las académicas podamos conciliar hasta cierto punto, se trata de una vida bastante dura. Sin embargo, en otras carreras como la ejecutiva o la política, la situación es peor. Cada vez hay más estudios que demuestran que la gente que accede a puestos de más responsabilidad sufre menos efectos en su vida personal y familiar al ser hombres, mientras que para las mujeres que acceden a puestos de mayor responsabilidad sí que aumenta mucho la probabilidad de divorcio y el número de hijos disminuye.

Una estrategia de las mujeres para lidiar con esta situación es renunciar a tener hijos. En ese sentido en ciertas carreras, y concretamente en la académica, es fundamental entender que la gran brecha viene en el momento de formar familia, entre los 30 y 45 años, que asimismo son muy importantes en términos de desarrollo profesional. Entonces sí, claro que hay que hablar sobre este tema. Otro debate sería referente a qué medidas adoptar para solucionarlo.

 

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