La importancia de marchar: diferentes testimonios sobre los sentimiento vividos en la marcha del 8M

Por Rocío Fernández Suárez

El pasado 8 de marzo millones de mujeres en toda España salieron a la calle para hacerse oír. Las hijas y las nietas de la “igualdad” descubrimos que ya no lo éramos tanto y despertamos de una mentira que nos habíamos creído hasta el final. Ese mismo día, había sido convocada una huelga general femenina que, según los sindicatos, fue secundada por más de cinco millones de mujeres. Motivos sobran: la brecha salarial, la falta de mujeres directivas, las dificultades para la conciliación, el acoso callejero… Por otro lado, esta nueva Cuarta Ola del feminismo está, por fin, terminando con muchos de los peajes que las mujeres llevábamos pagando desde los años 60. No, las mujeres no quemamos sujetadores; no, pintarnos las uñas no nos hace menos feministas; sobre todo, las mujeres no odiamos a los hombres. Aspiramos a un mundo en el que podamos escoger libremente nuestras opciones, sin tener que ser juzgadas por ello. Por ello, a través de este artículo, varios estudiantes de IBEI darán a conocer su opinión con respecto a la marcha del día 8 de marzo y del feminismo en general.

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Beverly (25), escocesa, me cuenta que el feminismo es la visibilización de que los derechos de las mujeres son, ante todo, derechos “humanos,” y que la grandeza del feminismo reside en poner sobre la mesa un debate sobre las problemáticas específicas femeninas, desde las violaciones hasta la falta de personajes femeninos en películas. Al mismo tiempo, me dice que el feminismo de hoy en día debería alejarse en lo posible de las estrategias de marketing y aspirar a crear un feminismo interseccional y transversal, que abarque a todas las mujeres del mundo, de todas las edades y todas las razas.

Por su parte, Friederike (29), de origen alemán, decidió no ir a la marcha, pero no porque no entienda el motivo de la protesta o no comparta los valores feministas, sino, como ella me cuenta, porque el feminismo debe dejar atrás este tipo de formas de protesta y pasar a la acción. Ella cree que sería mucho más útil para la causa feminista que las mujeres se empoderaran a través de otro tipo de eventos más prácticos, tales como talleres en los que se enseñe cuáles son las acciones legales que es posible emprender como mujer si se está siendo víctima de acoso en el trabajo. Para ella, uno de los principales problemas en España respecto a este tema es la falta de modelos a seguir en puestos de responsabilidad política.

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En esta misma línea, Cinthia (35) me confiesa que en Brasil tuvieron lugar muchos cambios positivos en materia de género mientras Dilma Rousseff gobernaba, y que sin embargo, está viendo como desaparecen ahora mismo. Por otro lado, Cintia sintió durante la marcha cómo está era un “tema caliente”, en el sentido de que se podía sentir la intensidad de este. Sin embargo, cree que en el caso particular de Barcelona y de Cataluña cualquier tipo de protesta está excesivamente mezclada con el asunto del procés, haciendo a menudo difícil distinguir una cosa de la otra.

Carlos (28) procedente de Valencia, único hombre entrevistado, cree que el feminismo sigue siendo importante hoy en día porque aún estamos lejos de alcanzar la igualdad real, y que sin la incorporación de los hombres es imposible que el sistema cambie. Afirma que fue a la marcha por una cuestión de responsabilidad familiar, pues su madre es una de las organizadoras en Valencia, y porque el hombre también tiene que tomar su papel de responsabilidad en el proceso de construcción de una sociedad libre de machismo. A día de hoy, como él mismo reconoce, no se trata de equiparar derechos, sino de crear una igualdad real.

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Hana (25), eslovaca, admite que no se considera una persona “de marchas”, y no obstante, al forzarse a ir a ésta dice que sintió un torrente de emociones: himnos cantados solo por mujeres, pancartas con mensajes muy poderosos, y en general mucha solidaridad por parte de todos los presentes. Para ella el feminismo es la ideología que aboga por una mayor igualdad no excluyente, y por ello e importante sumar más personas a la causa. Reflexiona que a pesar de los avances en las sociedades occidentales, el feminismo no se encuentra globalmente en la misma etapa, y por ello es necesario hacer de la interseccionalidad y la transversalidad la clave del movimiento

Finalmente, me gustaría hacer una breve aportación personal sobre lo que me enseñó la marcha del pasado 8 de marzo. Para empezar, aprendí que ser feminista no es sólo salir a la calle un día señalado y celebrar los derechos que hemos adquirido. No se trata sólo de aparecer el día D y hacer acto de presencia, sino de algo mayor que se extiende más allá de un día señalado. Solo si nos mantenemos unidas y conscientes, difundiendo nuestro mensaje allá donde vayamos, podremos hacer de éste un mundo en el que el patriarcado tenga cada vez menos que decir.

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